Una economía planificada podría funcionar – Rebelion (2022)

Basar las decisiones económicas en las necesidades humanas, y no en nuestra capacidad de pago, impone un principio de igualdad que nos permite decidir colectivamente qué tipo de producción necesitamos.

Durante la Primera Guerra Mundial, el carbón –al igual que el pan, la carne y la madera– comenzó a escasear. Cuando esta escasezempezó a sentirse en París en septiembre de 1916, el concejo municipal tomó medidas drásticas. Tomó control directo del abastecimiento, distribuyendo carbón a los hogares según el tamaño de los apartamentos y el número de personas que vivían en ellos. Las familias llenaban un cuestionario especificando sus necesidades, que quedaban registradas en tarjetas de racionamiento; cuando necesitaban carbón, se dirigían almairie d’arrondissement(municipalidad), donde se efectuaba la distribución.

El control de precios esun rasgo común de las economías de guerra. Pero frente a la escasez de carbónen París durante la Primera Guerra Mundial, las cosas fueron un poco más lejos.El “índice de precios” del cual dependen los mercados fue suspendido en favorde la contabilidad en especie (es decir, en términos de cantidad de carbón, node precio).

La cantidad de carbóndistribuida a los hogares no se basaba en su solvencia, i.e. en el dinero delque disponían, sino en lo que necesitaban. Esta forma de distribución tambiéndejó claro que la cuestión del abastecimiento era política. Con la producciónsubordinada a la necesidad, los agentes económicos privados perdieron lalibertad de producir y vender lo que querían. Lo que se estableció en lugar deesta libertad fue un principio de igualdad.

Las crisis exigengrandes sacrificios por parte de las personas, lo cual aumenta su sensibilidada las injusticias. Esto explica por qué durante las crisis, la figura del“usurero” o “especulador” emerge con frecuencia en el discurso popular. Losgobiernos entienden que para lograr la cohesión social necesaria para lamovilización, la distribución de bienes debe ser igualitaria. Por eso,paradójicamente, durante la Primera Guerra Mundial, los hogares de clasetrabajadora en algunos casos gozaron de un suministro de carbón mayor del quehabían gozado antes: el racionamiento no solo impuso límites, sino quemejorósucondición.

La pandemia decoronavirus, obviamente, no es una crisis de la misma magnitud de la PrimeraGuerra Mundial. No ha suspendido la lógica del mercado; ha expuesto losabsurdos del neoliberalismopero no los ha destruido.Sin embargo, enesta crisis también podemos percibir alguna evidencia de una lógica económicaalternativa.

Las máscaras y losventiladores son sumamente necesarios para lidiar con la emergencia. Nadie enestos días se atreve a mencionar su costo. Más bien, el asunto es la cantidad:¿cuántos se necesitan y qué tan rápido pueden ser producidos? Esto es así aúnsi algunas veces la escasez dispara la competencia entre diferentes Estadospara ver cuáles logran apropiárselos primero. En este mismo sentido, deberemarcarse que la ayuda financiera proveída por los Estados a la economía–mayormente a los mercados financieros y a las grandes corporaciones– eclipsalos niveles de 2008.

Enfrentados con lacrisis, el dinero de repente parece dejar de ser un problema, y los gobiernoshan tomado medidas más o menos radicales para subordinar lo económico a lopolítico. Es revelador el caso de Irlanda, un país reconocido por su modeloeconómico neoliberal, que ahoranacionalizó sus hospitales privados.

También emergió una“economía moral” en conflicto con la lógica del mercado. Nuestra supervivenciadepende en este momento del auto-sacrificio de enfermeros, trabajadores de lalimpieza y cajeros de supermercados. En tiempos normales, sus trabajos tienenpor lo general poco prestigio simbólico. Pero hoy son quienes toman todos losriesgos para salvar vidas y asegurarse de que la gente tenga acceso a losbienes básicos. En Francia, se ha sugerido que, en el feriado nacional del 14de julio, sean ellos quienes marchen a lo largo de las grandes avenidas deParís en lugar de los militares.

Del racionamiento a laplanificación económica

El racionamiento es una forma de planificación económica en tiempos decrisis agudas. La planificación económica puede ser definida de manera sencillacomo un sistema donde la producción está subordinada a la satisfacción denecesidades humanas. Ha tomado distintas formas en la historia moderna, lamayoría de las cuales fracasó debido a lafalta de eficiencia económica yde democracia. La crisis del coronavirus puede ayudarnos a imaginar cómo podríaser un sistema basado en la satisfacción de necesidades.

El capitalismo tiene unarelación perversa con las necesidades humanas. Por un lado, la producción demercancías debe,hasta cierto punto, satisfacer necesidades. Sinembargo, dado que la solvencia es su criterio principal, cuando la personanecesitada no tiene dinero, el capitalismo no satisface su necesidad. Encambio, esa persona debe apoyarse en las instituciones no capitalistas queexisten en las sociedades capitalistas: la familia o el sistema de bienestar,que funcionan en base a otros criterios. En el caso contrario, a lo sumo puedenintentar seguir adelante con sus necesidades insatisfechas.

Por medio de lapublicidad y de lafinanciarización de la vida cotidiana, el capitalismogenera constantemente necesidades “artificiales”. La competencia entre capitalesprivados lleva al “productivismo”. La producción permanente de cosas nuevas,que se lanzan al mercado a una velocidad cada vez mayor, es una condición parala supervivencia de las empresas que compiten. Estas cosas nuevas tienen queser vendidas a los consumidores, de manera tal que se libere espacio para otraronda de cosas nuevas. Este mismo proceso se repite indefinidamente. Laobsolescencia programada de celulares, cuyo promedio de vida útil es de dosaños, es una forma extrema de este fenómeno, aunque también afecta a otrostipos de mercancías: las bombillas de luz, las medias de nylon y las impresorasse cuentan entre los ejemplos clásicos.

Esta creación denecesidades artificiales también tiene que ver con la importancia de la fuerzade ventas en el capitalismo. La publicidad hoy no sirve principalmente parainformar al consumidor acerca de las cualidades de una mercancía. Le dice enqué tipo de persona se convertirá si la compra. Esta tendencia en elmarketingcomenzócon el famoso “hombre Marlboro” en los años 1950, en el cual el hombre es másimportante que el cigarrillo mismo. Tal como afirma Karl Marx enElCapital: “la producción crea al consumidor”.

Las necesidadesartificiales son alienantes. Por ejemplo, llevan a desórdenes psicológicos de“compra compulsiva”,una pandemia creciente a nivel global. También dañanel medioambiente. La producción de nuevas mercancías a una velocidad crecienteimplica la sobreexplotación de los recursos naturales y de la energía, ytambién genera distintas formas de contaminación. El “productivismo” es larazón fundamental por la cual el capitalismo nunca puede ser ecológicamentesustentable.

Definiendo lasnecesidades “reales”

La planificación económica, por otro lado, apunta a satisfacer todas lasnecesidades “reales”. El principio básico sobre el cual descansa es quecualquier necesidad “real” debe ser satisfecha, mientras que las necesidadesalienantes y ecológicamente insostenibles no deben ser satisfechas. Obviamente,es más fácil definir qué necesitamos realmente en tiempos de crisis, como porejemplo, los ventiladores hoy. Pero si nuestro futuro depende de que seamoscapaces de distinguir entre necesidades “reales” y necesidades “artificiales”,entonces tenemos que definir qué es una necesidad “real”.

Algunas necesidadesreales son necesidades “vitales”: respirar, comer o dormir. Si no sonsatisfechas, el resultado es la muerte. El desarrollo capitalista ha llevado aque muchas personas –aunque ciertamente no todas– puedan satisfacer estasnecesidades vitales. Según uninforme de las Naciones Unidas de2019,820 millones de personas pasan hambre en el mundo. Además, muchasnecesidades vitales, cuya satisfacción estaba garantizada en el pasado, sondifíciles de satisfacer en la actualidad, como por ejemplo, respirar aire nocontaminado.Según la Organización Mundial de la Salud, el total demuertes por año a causa de la exposición al aire contaminado es de 4.2millones.

Pero por supuesto, lavida humana no se trata solamente de necesidades vitales, e incluso necesidadesno vitales pueden ser “esenciales”. Lo fundamental es reconocer que más allá delas necesidades vitales, que están definidas por la biología humana en símisma, todas las otras necesidades son históricamente específicas. Emergen enel curso de la historia y son culturalmente variables. En este sentido, tambiénson políticas y están definidas tanto de manera individual como colectiva.

Téngase en cuenta elcaso de los viajes. Viajar es genial. Permite que la gente se enfrente consociedades nuevas y que tome conciencia de la diversidad humana. Algunaspersonas considerarían que viajar es una necesidad “esencial”. Hasta mediadosdel siglo veinte, viajar (por placer) estaba restringido a las élites. Desdeentonces, hasta cierto punto, la práctica se ha democratizado.

Sin embargo, elcrecimiento de esta actividad –principalmente con el auge del transporte aéreo–se ha vuelto cada vez más nocivo para el medioambiente. El transporte aéreo esuna de las principales causas de la emisión de gases de efecto invernadero,motivo por el cualGreta Thunberg y su movimiento proponen dejar derealizar vuelos. Por supuesto, sería absurdo prohibir los viajes. Sin embargo,algo debe hacerse para limitar el daño al medioambiente.

La solución podríaseraplicar al transporte aéreo la lógica del racionamientoque Parísy otras ciudades implementaron para la distribución de carbón durante laPrimera Guerra Mundial. Cada ciudadano estaría habilitado para volar un númerolimitado de kilómetros por año o por década. Esto permitiría a las sociedadesponer un límite al volumen global de kilómetros viajados, de manera tal quesería posible hacerlo decrecer hasta niveles sustentables. Pero tambiénpermitiría separar los viajes del ingreso, contrariamente a lo que ocurre hoy (cuantomás rica es una persona, más posibilidades tiene de viajar, especialmente enavión).

Al igual que en el casodel carbón, el racionamiento permitiría a las clases más bajas viajar más, nomenos. Como en el caso del carbón, tampoco se permitiría comerciar con loskilómetros de vuelo, dado que esto reforzaría las desigualdades, permitiendoque los ricos compraran kilómetros a los pobres. El racionamiento solo funcionasi está basado en un principio de igualdad. No es compatible con un mecanismode derechos de emisión. El beneficio social y ambiental de un enfoque de estascaracterísticas podría ser fortalecido mediante la inversión pública en mediosde viaje colectivos, por ejemplo, hoteles y trenes de buena calidad.

La democracia directarecargada

Es este el sentido en el cual las necesidades “reales” son, de hecho,políticas: la sociedad impone una serie de regulaciones para que se desarrolleuna actividad significativa y ecológicamente sustentable. El individuo todavíapuede decidir si viaja o no, cuándo, dónde y por cuánto tiempo viaja, pero enel marco de límites establecidos de manera colectiva.

Esto plantea el problemaque podría surgir si una regulación va demasiado lejos, llevando a lo que AgnesHeller –la mayor teórica contemporánea de las necesidades– llama una “dictadurasobre las necesidades”.Según Heller, en la URSS, un puñado de burócratasautoproclamados decidían cuáles eran las necesidades “legítimas” del pueblo,ejerciendo sobre estas una “dictadura” de arriba abajo. También fracasaron al reconocerciertas necesidades, por ejemplo, al arbitrar en favor de estrategias decrecimiento desastrosas para el medioambiente o contra la preservación de lasriquezas naturales –e. g. lagos y bosques– de las cuales las personas podíandisfrutar.

Una sociedadverdaderamente socialista respetaría tanto como fuera posible las necesidadesindividuales: tal como dice Heller en su clásicoTeoría de lasnecesidades en Marx, “Marx no reconoce más necesidades que las de losindividuos”. La gente aceptará límites a la satisfacción de sus necesidadessiempre y cuando sean justos y significativos, y hayan podido participar en sureglamentación. De hecho, las sociedades modernas están plagadas derestricciones muy bien aceptadas. Los límites serán mejor aceptados en lamedida en que la tendencia general apunte a la satisfacción de necesidades(sustentables) siempre nuevas, i.e. en la medida en que haya un sentimientodeprogreso.

Una de las cuestionesmás apremiantes en nuestro tiempo es esta: ¿en qué institución políticadeberían definirse las necesidades “reales”? Los parlamentos solo sonparcialmente adecuados para esta tarea. Lo que se requiere es el resurgimientode la democracia directa. La definición de necesidades no es solamente unacuestión de deliberación racional. También tiene que ver con la experimentación(con el descubrimiento, a través de la práctica, de formas de satisfacernecesidades individuales y colectivas). Las necesidades tienen un fuertecomponente emocional: uno a menudosientela necesidad en lugarde inferirla.

Con su énfasis en lamovilización “desde abajo”, la democracia directa es el único régimen políticoque gestiona esta dimensión experimental. No elimina los parlamentos, puestoque el sistema de controles y equilibrios que previene la consolidación de una“tiranía de la mayoría” debe ser mantenido. Pero sujeta este sistema a lapresión y a la actividad innovadoras de los movimientos sociales.

Plantear la simple pregunta de qué es una necesidad “real” nos conduce a cuestiones fundamentales acerca de nuestros sistemas, tanto a nivel político como económico. Nos pone en el camino de la revolución.

Razmig Keucheyan. Profesor asistente de sociología en la Universidad París-Sorbona y activista de la izquierda radical. Es autor deHemisferio izquierda. Un mapa de los nuevos pensamientos críticos(Siglo XXI, 2013) y deLa nature est un champ de bataille(París, La Découverte, 2018), entre otros libros.

Traducción: Valentín Huarte

Fuente: https://jacobinlat.com/2021/01/10/la-planificacion-economica-funciona/

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Author: Francesca Jacobs Ret

Last Updated: 09/06/2022

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